La Zanellita negra

Salió de casa arriba de su viejo ciclomotor Zanella, pasaban los años pero seguía dando batallas por las bacheadas calles de Avellaneda, lo cuidaba como si fuera oro porque era su vía de transporte al trabajo y pensaba, con cierto tino, que el tiempo ahorrado en las largas esperas hasta que se dignen en aparecer los colectivos, era demasiado, José hasta hizo el calculo de que el año pasado se libro de ciento setenta y cinco horas, osea mas de una semana al año para solo esperar el autobús, el mantenimiento de la motito era un lujo pero valía la pena el sacrificio.


Ya se acercaba a lugar donde estaban trabajando estos días, un edificio en la avenida Pavón ahora llamada Hipólito Yrigoyen , cuando de repente una furgoneta Trafic blanca lo pasa a toda velocidad en el Puente Agüero, que permite pasar sobre las vías del ferrocarril Roca.
-¡ Seras Hijo de puta! - gritó dentro del casco, le paso rozando y tuvo que agarrarse fuerte por el sacudón que pego la moto.

Era una mañana fría y el ciclomotor le hizo entrar en calor arrancarlo, le costo unas cuantas patadas. Como casi siempre llegaba unos minutos antes para tomarse un café en algún lugar, en este caso en la esquina del tajo había un bar llamado "El Andaluz", que servían el mejor café con leche, según José, de la zona, ademas las medialunas de manteca las entregaban bien calentitas, eso sumado a la atención que brindaban, hacían que levantarse quince minutos antes tuvieran su premio.

Apenas entro saludo a Mario, el dueño que heredo el Café de parte de sus padres.
- ¿ Lo mismo de siempre Chango ? - dijo el propietario, mientras secaba una taza con un repasador blanco.
-Sí- afirmo José cuando se sacaba los guantes y se preparaba a sentar en una de las diez mesas del local.
Le gustaba mirar como pasaban los coches en dirección a Capital y cada tanto le echaba un ojo a la zanellita negra, nunca se podía estar tranquilo en la ciudad con ningún tipo de vehículo por mas echo polvo que estuviese , el suyo que no era una joya tuvo tres intentos fallidos de robo.

El café calmo el frio interior y las medialunas saciaron el hambre mañanero, por el gran ventanal vio llegar a Carlos, su capataz en la F-100 de color rojo de la empresa, pago y se dirigió a encontrarse con él.
Carlos era un buen tipo, un poco calentón pero si uno le cumplía con el trabajo sabia valorarlo, con cosas simples como permitirles guardar la moto o bici en el garaje de la comunidad para estar a salvo de manos ajenas.
Así que abrieron el portón corredizo y metieron la furgoneta y la moto mientras llegaba Luis con su bicicleta, los demás venían en colectivo.

Como Buen lunes el fútbol se anteponía a los saludos, cargadas como- ¿Y que le paso a Boquita? o ¡que baile que se comieron! eran habituales el día después de cualquier partido, algunas veces de tanto gaste por poco no se llega a las manos entre los compañeros.

Se cambiaron en la sala de máquinas, donde guardaban la ropa de trabajo y las herramientas básicas, maza, martillo, cortafierro, palas o las tenazas, las herramientas eléctricas estaban en la casa del presidente de la comunidad.
Le esperaba una larga jornada laboral, luego volvería a montarse en la Zanella, antes de llegar a casa tendría que pasar por alguna gasolinera a repostar combustible para la semana, el fierro resulto ser económico, rendidor y todavia le quedaban mas batallas que ofrecer.

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